“No hay pega”: la realidad detrás del 11,2% de desempleo en Ñuble
Ñuble tiene un 11,2% de desempleo, la tasa más alta de Chile. Somos primeros. Algo es algo. Casi 27 mil personas están buscando pega y nuevamente apareció una vieja conocida para explicar parte del problema: la estacionalidad. Ah, menos mal. Yo pensé que había gente desesperada.
Porque “estacionalidad” es una palabra fantástica. Suena técnica, limpia, hasta elegante. El problema es que la estacionalidad tiene cara. Es un tipo que se despierta a las siete aunque no tenga dónde ir a trabajar. Es una mujer que empieza a elegir qué cuenta paga y cuál deja para el próximo mes. Es alguien que manda currículums y al principio mira el teléfono esperando que lo llamen de una pega. Después de dos meses lo mira esperando que no sea Cobranzas. Eso no aparece en el porcentaje. En el porcentaje dice 11,2%. Mucho más ordenado.
Y todos los años volvemos a explicar parte del problema de la misma manera: “Ñuble tiene una economía estacional”. Sí. Ya sabemos. Después de la cosecha se acaba la cosecha. Es un fenómeno que ocurre todos los años aproximadamente en la misma fecha y, aun así, ha conseguido sorprender a varios gobiernos consecutivos.
El procedimiento ya lo conocemos. Sube el desempleo, viene la preocupación, después la profunda preocupación, aparece alguna mesa público-privada, un plan de acción, hablamos de capacitación y finalmente llega diciembre, vuelve la temporada y mejora el empleo. “¡Funcionó!”. No. Llegó diciembre.
Y esto ocurría antes de que Ñuble fuera región. Después nos convertimos en región para poder planificar nuestro propio desarrollo y hemos avanzado bastante: ahora tenemos desempleo regional, autoridades regionales, estadísticas regionales y reuniones regionales para analizarlo. Nos falta un pequeño detalle: la pega.
Entonces aparece esa frase que ha sobrevivido absolutamente a todos: “Tenemos que diversificar la matriz productiva”. Esa pobre matriz lleva tantos años siendo diversificada que a estas alturas debería pedir licencia médica.
Pero sería absurdo convertir al campo en el culpable. Ser una región agrícola no es una condena. Puede ser precisamente una de nuestras mayores ventajas. La pregunta es por qué seguimos entendiendo lo agrícola principalmente desde la temporada y no desde todo lo que puede construirse alrededor: agroindustria, tecnología, procesamiento de alimentos, investigación, logística, servicios, exportación con mayor valor agregado. Y, por supuesto, otras actividades capaces de generar empleo durante los doce meses.
Porque tampoco podemos dejar toda la responsabilidad del desarrollo económico de Ñuble sobre una cereza. Es una fruta. Hace lo que puede.
El problema es que mientras discutimos qué economía queremos tener dentro de diez o veinte años, el cesante necesita llegar al viernes. Esa es la pequeña dificultad de las políticas de largo plazo: son indispensables, pero el supermercado insiste en funcionar en el corto plazo. La luz llega este mes. El arriendo también. La cuota vence ahora.
Podemos explicarle a una familia que estamos trabajando en una estrategia destinada a transformar estructuralmente la matriz productiva regional hacia 2035. Fantástico. ¿Y qué comemos el jueves?
Porque quedarse sin trabajo no es solamente quedarse sin sueldo. Primero se pierde tranquilidad. Después se postergan cosas. “Este mes estamos un poquito apretados”. Después viene el “esta cuenta la pagamos el próximo”. Después dejamos de salir, evitamos una compra, postergamos el dentista y empezamos a mirar el saldo de la cuenta antes de pasar la tarjeta. Hasta que la cesantía termina entrando a la casa y sentándose a la mesa con la familia.
Nada de eso aparece en el 11,2%.
Por eso necesitamos dos conversaciones al mismo tiempo. Una urgente, porque hay casi 27 mil personas buscando trabajo ahora. Y otra mucho más incómoda: cuánto tiempo más vamos a aceptar como inevitable una estructura económica que cada invierno vuelve a producir la misma angustia.
Necesitamos inversión, obras y medidas que generen empleo en el corto plazo. Pero también necesitamos preguntarnos en serio qué actividades queremos desarrollar, qué inversiones queremos atraer, qué hacemos con nuestras universidades, qué valor agregamos a lo que producimos y cómo conseguimos que el enorme potencial agrícola de Ñuble sea una plataforma para crear más economía y no un calendario que determine cuándo hay pega y cuándo no.
Porque la estacionalidad puede explicar una parte del desempleo. Lo que ya no puede hacer es servir eternamente de consuelo.
Al que está cesante, además, le importa bastante poco cómo se llama técnicamente el problema. Él sabe algo mucho más sencillo: no hay plata. Y todavía no se ha inventado una manera académica de llegar a fin de mes sin plata.
Probablemente llegue diciembre, vuelva la temporada y el desempleo baje. Ojalá. Pero cuando ocurra no nos engañemos diciendo que solucionamos el problema.
Llegó la cosecha.
Nada más.
La verdadera noticia será el día en que llegue junio y no tengamos que volver a escribir esta columna.
Porque diciembre llega solo.
La pega, lamentablemente, no.
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