Opinión

Ñuble necesita empleo, pero sobre todo empleo formal y estable

La cifra es preocupante y obliga a mirar el problema con seriedad. Ñuble registró una tasa de desempleo de 11% en el trimestre móvil mayo-julio de 2026, ubicándose por sobre el promedio nacional. Sin embargo, si queremos comprender realmente lo que ocurre en nuestra región, no basta con quedarse solamente con ese porcentaje.

Detrás del 11% existe un fenómeno bastante más complejo. Ñuble no enfrenta únicamente un problema de desempleo. Enfrenta también un problema de informalidad, inestabilidad laboral, estacionalidad, insuficiencia de horas trabajadas y dificultades para transformar el crecimiento económico en empleos formales y permanentes.

Y esa diferencia es fundamental.

Durante el último año, el número de personas ocupadas en Ñuble aumentó. Es decir, efectivamente se generaron puestos de trabajo. Sin embargo, la fuerza laboral también creció y lo hizo a un ritmo que nuestra economía regional no ha sido capaz de absorber completamente.

A esto se suma una señal que debiera preocuparnos especialmente: el fuerte crecimiento del empleo informal y la disminución de los trabajadores asalariados formales.

Dicho de otra manera: podemos generar empleo y al mismo tiempo estar deteriorando la calidad del mercado laboral.

Por eso, el objetivo regional no puede reducirse solamente a decir que debemos “crear más empleos”. Ñuble necesita crear más empleo formal, estable, productivo y con mejores posibilidades de desarrollo para las familias.

Existe además una paradoja que debemos analizar.

Nuestra región posee sectores económicos que están creciendo. Tenemos agricultura, agroindustria, industria alimentaria, actividad forestal, servicios, comercio y exportaciones que presentan oportunidades importantes. Contamos también con inversión pública, proyectos de infraestructura y recursos regionales.

Entonces la pregunta que debemos hacernos es muy sencilla:

¿Por qué ese crecimiento y esa inversión no se están traduciendo con suficiente fuerza en empleos formales?

Ese debiera ser uno de los principales temas de discusión económica de Ñuble.

A mi juicio, necesitamos avanzar hacia un verdadero Plan Regional de Empleo para Ñuble, pero no entendido como una nueva instancia burocrática, sino como una política con objetivos concretos, responsables identificados, plazos y resultados que puedan ser medidos públicamente.

Un primer desafío es acelerar la inversión.

Cada proyecto público que permanece detenido innecesariamente significa oportunidades laborales que no se materializan. Obras de vialidad, vivienda, infraestructura sanitaria, espacios públicos, establecimientos educacionales y proyectos municipales generan demanda por trabajadores, proveedores, transporte, alimentación, servicios y comercio.

Esto adquiere particular relevancia considerando la caída que ha experimentado el empleo en la construcción.

Ñuble necesita revisar su cartera de proyectos y determinar claramente cuáles están detenidos, por qué razones y qué decisiones administrativas pueden adoptarse para destrabarlos, siempre respetando las exigencias legales, técnicas, presupuestarias y ambientales.

El segundo desafío es mejorar radicalmente la conexión entre quienes buscan trabajo y quienes necesitan trabajadores.

Hoy existen municipios, OMIL, SENCE, Bolsa Nacional de Empleo, empresas, gremios y múltiples organismos realizando esfuerzos de manera paralela. El problema es que muchas veces esa información no conversa entre sí.

Ñuble debiera construir un verdadero sistema regional de intermediación laboral que permita conocer, prácticamente en tiempo real, dónde están las vacantes, qué perfiles se necesitan y dónde se encuentran las personas que buscan empleo.

No podemos seguir capacitando primero y preguntando después si existe trabajo.

La lógica debe ser exactamente al revés.

Primero identificamos dónde estarán los empleos y qué competencias demandarán las empresas; posteriormente formamos a las personas para esos puestos.

Agricultura, agroindustria, logística, transporte, mantenimiento industrial, electricidad, construcción, hotelería, salud, cuidados y servicios son algunos de los sectores donde existe espacio para desarrollar esta estrategia.

El tercer gran desafío es reducir nuestra dependencia del empleo estacional.

Ñuble posee una enorme fortaleza agrícola, pero gran parte de esa actividad concentra contratación durante determinados meses. La estrategia regional debería apuntar a extender la cadena productiva mediante procesamiento de alimentos, congelado, deshidratado, packing, almacenamiento, cámaras de frío, logística, transporte y comercialización.

Cada producto que sale de Ñuble sin mayor procesamiento es también una oportunidad de empleo que eventualmente estamos dejando escapar.

Necesitamos pasar de producir solamente materias primas a generar cada vez más valor agregado dentro de nuestra propia región.

Existe además otro desafío que debemos abordar con mucha seriedad: el empleo femenino.

La tasa de desempleo de las mujeres en Ñuble es significativamente superior a la masculina y su participación laboral continúa siendo considerablemente menor.

Esto demuestra que hablar de empleo femenino exige hablar también de cuidados, transporte, horarios, acceso a salas cuna, capacitación y oportunidades reales de inserción laboral.

Una mujer que quiere trabajar, pero que no dispone de transporte compatible con sus horarios o de alguien que cuide a sus hijos, técnicamente puede aparecer fuera del mercado laboral, pero económicamente representa capacidad productiva que nuestra región está desaprovechando.

El transporte también debe incorporarse a esta discusión.

En una región con alta ruralidad y una población distribuida territorialmente, puede existir una vacante y una persona capacitada para ocuparla, pero si ambas se encuentran a 40 kilómetros y no existe transporte adecuado, ese empleo simplemente no ocurre.

Por eso las políticas laborales no pueden diseñarse desconectadas de las políticas de transporte y ordenamiento territorial.

También debemos comenzar a medir mejor nuestros resultados.

No basta con anunciar cuántas personas participaron en una capacitación, cuántas asistieron a una feria laboral o cuántos proyectos fueron aprobados.

Debemos conocer cuántas consiguieron trabajo, cuántas permanecieron empleadas después de seis meses, cuántas obtuvieron contratos formales y cuánto aumentaron sus ingresos.

La política pública debe medirse por resultados y no solamente por actividades realizadas.

En términos económicos, el desafío tampoco parece imposible.

Con una fuerza laboral regional cercana a las 245 mil personas, una disminución relevante de la tasa de desempleo requiere algunos miles de nuevos puestos de trabajo netos.

Es una tarea importante, pero perfectamente abordable si existe coordinación entre inversión pública, inversión privada, municipios, Gobierno Regional, servicios públicos, instituciones de capacitación, universidades, gremios y empresas.

Lo que no podemos continuar haciendo es enfrentar un problema estructural con respuestas fragmentadas.

Ñuble necesita elegir sectores prioritarios, conocer dónde aparecerán los próximos empleos y comenzar desde ahora a formar a las personas que ocuparán esos puestos.

Necesitamos además facilitar la creación y crecimiento de pequeñas empresas, porque gran parte del empleo regional proviene precisamente de las pymes.

Menos burocracia innecesaria, mejor acceso al financiamiento, apoyo a la formalización, digitalización, comercialización y acceso efectivo a mercados públicos y privados pueden contribuir significativamente a generar trabajo.

La discusión económica regional debería avanzar, por tanto, desde una pregunta muy básica —“¿cuánto desempleo tenemos?”— hacia una pregunta mucho más importante:

¿Qué tipo de economía queremos construir en Ñuble durante los próximos diez años y qué empleos queremos que esa economía genere?

Tenemos territorio, agricultura, alimentos, industria, turismo, energía, servicios, universidades, capital humano y una ubicación estratégica en el centro-sur de Chile.

El desafío ahora es transformar esas ventajas en oportunidades laborales.

Porque detrás de cada décima de desempleo no existe solamente una estadística.

Existen familias esperando una oportunidad, jóvenes buscando su primer trabajo, mujeres intentando incorporarse al mercado laboral, trabajadores que necesitan estabilidad y emprendedores que quieren crecer.

Ñuble necesita empleo.

Pero, sobre todo, necesita empleo formal, productivo, permanente y con futuro.

Ese debiera ser uno de nuestros principales objetivos regionales.

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