Katty Kowaleczko a los 62: relatos de violencia, reinvención y futuro fuera de la TV

Sentada en su jardín de El Arrayán, rodeada de animales y con la vista puesta en su invernadero, Katty Kowaleczko (62) repasa sin tapujos los momentos altos y bajos de su historia personal y profesional. En una reciente conversación, la reconocida actriz chilena se refirió a los capítulos de violencia que marcaron su primer matrimonio, su extenso paso por la TV y su visión de una vida próxima lejos del espectáculo.
Kowaleczko vivió una adolescencia turbulenta. Se casó con apenas 17 años con un hombre al que describe como esquizofrénico paranoide, situación que la llevó a años de rehabilitación y dependencia emocional. “Fue una etapa muy difícil en la que tuve que reconstruirme”, narra y destaca la importancia de la independencia económica para las mujeres como lección vital de ese periodo.
Su hija Micaela, de 29 años hoy, creció alejada de su progenitor, a quien la actriz critica por desentenderse de la responsabilidad paterna. “La exposición pública afectó la infancia de mi hija. Fue uno de los costos más duros de este trabajo”, señala, sin resentimientos pero con evidente autocrítica.
El rostro de teleseries emblemáticas en Canal 13, Mega y TVN recuerda con especial cariño el desafío personal y profesional de raparse para un rol, gesto que le valió negociar dos años de contrato en uno de sus momentos de mayor relevancia. Pero la vida no ha sido solo pantallas y libretos. Junto a su pareja actual y exesposo Rodolfo Pérez, intentaron abrir un teatro y varios negocios, todos sin éxito financiero. “Este oficio es inestable, las caídas y los cambios son parte del viaje”, piensa hoy desde la distancia.
En la etapa actual —repartida entre proyectos teatrales y documentales, como el reciente ‘Las teleseries de nuestras vidas’ en 13Rec—, Katty reflexiona sobre el retiro. Reconoce una rutina lejos del glamour, rodeada de naturaleza, rechazando el rol de abuela tradicional y considerando la carpintería y las manualidades como sus próximos desafíos. “Me merezco la cara que tengo. Cumplo 62 años bien vividos, carreteados y bailados”, afirma.
Consejos prácticos y sinceros marcan su discurso: recomienda cuidar la autonomía económica, advierte sobre los costos del tabaco (fuma más de una cajetilla al día y busca bajarlo) y subraya la importancia de dormir bien, aunque reconozca su gusto por dormir sola.
Hoy la actriz se muestra menos interesada en la vida pública, alejada de la TV y las galas. Su enfoque está en cerrar ciclos y dar paso a una existencia más simple, dedicada a la tranquilidad y a nuevos oficios manuales. Si bien su legado en la televisión chilena sigue siendo valorado por varias generaciones, para ella lo relevante es la paz alcanzada y la libertad de elegir el siguiente acto.
