Rechazó casarse con él y desapareció: la historia que destapó a un asesino serial
Elizabeth Kenyon no era alguien que pudiera ser controlada. Y eso fue algo que Christopher Wilder nunca le perdonó.
A los 23 años, Elizabeth era profesora de educación especial, entrenadora de cheerleaders y modelo a tiempo parcial. Había conocido a Wilder, un empresario millonario, con quien mantuvo una breve relación sentimental. Sin embargo, decidió terminarla tras rechazar una propuesta de matrimonio prematura, una decisión que marcaría su destino.
Elizabeth confió en su instinto. Se alejó. Pero el rechazo, según los investigadores, fue un detonante fatal.
Ocho días después de la desaparición de Rosario González, otra joven vista por última vez en un evento deportivo internacional, Elizabeth también desapareció. Para su familia, algo estaba terriblemente mal desde el primer momento. Y rápidamente tuvieron claro a quién apuntar.
Años más tarde, una mujer entregó nuevos antecedentes que vuelven a poner el foco sobre Wilder, considerado hoy uno de los asesinos seriales más notorios vinculados a múltiples crímenes sin resolver. Apenas una hora después del lanzamiento de una investigación en formato podcast, los investigadores recibieron una pista clave: la madre de la denunciante, cuando tenía solo 15 años, habría sido insistentemente acosada por Wilder, quien intentaba llevarla reiteradamente a una playa donde décadas antes ocurrió un doble homicidio que aún estremece a la opinión pública.
Mientras tanto, en Estados Unidos, los padres de Elizabeth contrataron a un detective privado, Ken Whittaker, quien en menos de 48 horas llegó a una conclusión clara: Elizabeth era la última víctima de Wilder. El investigador reunió antecedentes, reconstruyó movimientos y pidió a la policía actuar de inmediato.
Pero las autoridades no le creyeron.
La policía desestimó sus pruebas, argumentando que el investigador había interferido en el caso. Mientras las instituciones discutían procedimientos, Wilder siguió libre.
“Cada hora de inacción le daba más tiempo para matar”, relataron posteriormente quienes participaron en la investigación independiente. La burocracia, la descoordinación y los prejuicios jugaron a favor de un hombre que no encajaba en el perfil típico de un criminal: rico, exitoso, respetable.
Con el tiempo, se estableció que Wilder recorrió distintas ciudades ofreciendo falsas oportunidades de modelaje a jóvenes mujeres. Varias de ellas desaparecieron. Algunas fueron encontradas sin vida cerca de cuerpos de agua.
Investigadores sostienen que muchas muertes pudieron haberse evitado si las alertas iniciales hubiesen sido tomadas en serio.
Hoy, nuevas voces, nuevos testimonios y evidencia acumulada refuerzan la convicción de que Elizabeth Kenyon fue una víctima más de un asesino serial que operó durante años protegido por la lentitud del sistema.
