Año Nuevo de pesadilla: perdió tres dedos con un petardo y horas después quedó ciego de un ojo
Eligió Nápoles para pasar el Año Nuevo buscando la experiencia más extrema: una noche sin límites, fuegos artificiales por doquier y celebraciones que cada 31 de diciembre convierten las calles en un verdadero campo de batalla.
Nada de advertencias, campañas de prevención ni ordenanzas municipales logró disuadir a A. B., un joven de 24 años, residente en Roma, que decidió celebrar “como solo Nápoles sabe hacerlo”, según relató al personal del Hospital Vecchio Pellegrini, en pleno centro histórico de la ciudad, informó el diario Corriere della Sera.
La primera señal de alerta llegó pocas horas después de comenzar el año. El joven ingresó a urgencias con una mano gravemente herida: la explosión de un potente petardo le había arrancado tres dedos. Fue atendido, estabilizado y dado de alta. Un episodio dramático, pero lamentablemente habitual en las celebraciones de Año Nuevo en Italia.
Sin embargo, lo peor estaba aún por venir.
Pese a haber perdido tres dedos y tener la mano vendada, el joven decidió continuar lanzando fuegos artificiales junto a sus amigos. Esta vez no fue un petardo, sino una batería pirotécnica de gran potencia, de las que se encienden en el suelo. No está claro si hubo una falla técnica o una nueva imprudencia, pero el resultado fue devastador.
Uno de los cohetes salió desviado y lo impactó directamente en el rostro.
El joven fue trasladado nuevamente al Hospital Vecchio Pellegrini, esta vez en estado grave, con múltiples heridas faciales y un ojo severamente dañado. Permaneció hospitalizado hasta la mañana siguiente. Al ser dado de alta, regresó a Roma acompañado de sus padres, pero con una consecuencia irreversible: había perdido un ojo.
Lo que comenzó como una búsqueda de celebración extrema terminó convirtiéndose en un Año Nuevo marcado por mutilaciones y una advertencia brutal sobre los riesgos del uso irresponsable de fuegos artificiales.
