Tragedia en crucero de lujo: pasajero muere en refrigerador con sedantes y gas pimienta
Lo que debía ser un viaje familiar terminó convertido en un caso de horror en alta mar. Michael Virgil, 35 años, murió a bordo de un crucero de Royal Caribbean tras un violento procedimiento realizado por el personal de seguridad. Hoy, su familia acusa negligencia brutal, exceso de fuerza y un intento de ocultar el hecho en pleno océano.
Según la demanda por muerte negligente presentada por su pareja, el hombre había sido servido con 33 bebidas alcohólicas en un solo día bajo el sistema de barra libre del barco. Minutos después, completamente intoxicado, se desorientó al no poder encontrar su camarote y entró en un estado de agitación que desató la intervención del equipo de seguridad.
Lo que sigue, según la acción judicial, parece sacado de una pesadilla en movimiento: guardias reduciendo a Virgil con su peso corporal, gas pimienta en repetidas ocasiones, una inyección de Haloperidol—aunque no existía personal médico que justificara su aplicación inmediata—y tres minutos de inmovilización total antes de ser llevado aún con vida al área médica.
La autopsia es categórica: Virgil murió por hipoxia, falla respiratoria y paro cardiorrespiratorio, con la muerte categorizada como homicidio. El reporte también señala que su nivel de alcohol, aunque alto, “no era letal por sí solo”, apuntando al método de contención como factor decisivo.
La pareja del fallecido, que viajaba con él y su hijo de 7 años, asegura que suplicó volver al puerto más cercano. Pero, según su abogado, la respuesta del crucero fue tan fría como indignante: “lo pusieron en un refrigerador y siguieron navegando como si nada hubiera pasado”.
Royal Caribbean, hasta ahora, mantiene silencio, mientras la familia insiste en que fue víctima de una cadena de negligencias que comenzó con el libre flujo de alcohol y terminó con un procedimiento de fuerza que comparan con el caso de George Floyd: contención prolongada, incapacidad para respirar y muerte.
El caso avanza en tribunales de California y podría abrir un duro precedente para la industria de los cruceros, acusada en reiteradas ocasiones de aplicar protocolos improvisados y opacos ante emergencias graves a bordo.
