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Desgobierno en las playas de Ñuble: tragedia deja en evidencia ignorancia de las autoridades

La trágica muerte de Javiera Ortiz, surfista de 34 años impactada por una embarcación en la playa Rinconada de Taucú, en Cobquecura, expuso un preocupante nivel de desconocimiento por parte de las autoridades respecto a la regulación del surf en la región del Ñuble.

A pesar de ser un destino ampliamente conocido para la práctica de este deporte, ni el gobierno local ni la Armada han podido aclarar con certeza si la actividad está permitida o regulada en estas costas.

Según la Dirección General del Territorio Marítimo y de Marina Mercante (Directemar), Ñuble es una de las seis regiones del país que no cuentan con playas aptas para el baño, junto con O’Higgins, Maule, La Araucanía, Aysén y Magallanes.

La razón principal radica en las condiciones geográficas y climáticas de estas costas, caracterizadas por fuertes corrientes, oleajes intensos, fondos disparejos y hoyos que hacen inseguro el ingreso al mar.

Sin embargo, en ningún momento se menciona la práctica de deportes acuáticos como el surf, lo que deja un vacío normativo evidente.

El delegado presidencial de Itata, Mario Cruces, reconoció la falta de claridad en torno al uso de estas playas.

“Es un lugar que tradicionalmente se usa para surf, pero es necesario iniciar una conversación para mejorar la gobernanza de las playas”, señaló, sin ofrecer respuestas concretas sobre si esta actividad es legalmente permitida o no en la región.

El accidente, que se produjo cuando una lancha de pescadores artesanales impactó a Ortiz mientras ella practicaba surf, también expuso otro problema: la falta de regulación en la convivencia entre deportistas y embarcaciones en zonas costeras.

A pesar de la gravedad del hecho, el responsable de la embarcación quedó en libertad, solo apercibido bajo el artículo 26 del Código Procesal Penal, quedando en espera de las investigaciones.

La falta de respuestas y regulación deja a la comunidad surfista y a los habitantes de la zona en un limbo, donde ni siquiera las autoridades parecen tener claridad sobre qué se puede o no hacer en las costas de Ñuble.

La tragedia de Javiera Ortiz no solo puso en evidencia los peligros de estas playas, sino también la necesidad urgente de establecer normas claras y garantizar la seguridad de quienes practican deportes en el mar.

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